Me Consagro a Jesús

Corazón sagrado de mi amado Jesús: yo, aunque criatura vil, os doy y consagro mi persona, vida y acciones, penas y padecimientos, deseando que ninguna parte de mi ser me sirva si no es para amarte, honrarte y glorificarte.

Esta es mi voluntad irrevocable: ser todo tuyo y hacerlo todo por tu amor, renunciando de todo mi corazón a cuanto pueda desagradarte.
Os tomo, pues, oh Corazón Divino, por el único objeto de mi amor, protector de mi vida, prenda de mi salvación, remedio de mi ignorancia, reparador de todas las culpas de mi vida; y asilo seguro en la hora de mi muerte. Sed, pues, oh Corazón bondadoso, mi justificación para con Dios Padre, y alejad de mí los rayos de su justa cólera.

Oh Corazón amoroso, pongo toda mi confianza en ti, pues aunque lo temo todo de mi flaqueza, sin embargo, todo lo espero de tu misericordia; consume en mi todo lo que te desagrada y resiste, y haced que tu puro amor se imprima tan íntimamente en mi corazón, que jamás llegue a olvidarte ni a estar separado de ti. Te suplico, por tu misma bondad, escribe mi nombre en ti mismo, pues quiero tener cifrada toda mi dicha en vivir y morir como tu esclavo. Amén.

Señor Jesús, creo que eres el Hijo de Dios y que moriste por mí. Por favor, ven a mi corazón. Quiero que seas mi Señor y Salvador, y que perdones mis pecados. Toma control de cada área de mi vida de este momento en adelante. Jesús, lléname con tu Espíritu Santo, y úsame para tu gloria. Quiero servirte y amarte todos los días de mi vida. Gracias Padre, porque ahora soy tu hijo.  En el nombre de Jesús.  Amén.

La oración de la Iglesia venera y honra al Corazón de Jesús, como invoca su Santísimo Nombre. Adora al Verbo encarnado y a su Corazón que, por amor a los hombres, se dejó traspasar por nuestros pecados.

Catecismo de la Iglesia Católica, 2669

Jesús, durante su vida, su agonía y su pasión nos ha conocido y amado a todos y a cada uno de nosotros y se ha entregado por cada uno de nosotros: “El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Ga 2, 20). Nos ha amado a todos con un corazón humano. Por esta razón, el sagrado Corazón de Jesús, traspasado por nuestros pecados y para nuestra salvación (cf. Jn 19, 34), “es considerado como el principal indicador y símbolo…del amor con que el divino Redentor ama continuamente al eterno Padre y a todos los hombres (Pío XII, Enc.”Haurietis aquas”: DS 3924; cf. DS 3812).

Catecismo de la Iglesia Católica, 478