La madre y los hermanos de Jesús

Esta lectura está en Marcos y también en Lucas.

Al leer en Marcos se puede ver mucho más claramente que también María tiene que hacer un discernimiento profundo y radical para seguir a Jesús.

Su primacía en el grupo de seguidores no se la asegura el mero parentesco; ella tiene que ganarse el título de seguidora también a base de fe y de renuncia y de superar el legalismo para ponerse al servicio de la Palabra, y en ese sentido participar de la fraternidad universal que inauguran Jesús y su Evangelio.

El contexto en que Lucas, en cambio, ubica este relato, es la parábola del sembrador y la semilla.  Lucas presenta como un paradigma de tierra abonada a la madre de Jesús, haciendo ver que ella también tiene que aceptar como condición ineludible una sociedad solidaria y fraterna, donde vale más la unidad que surge en torno al gran proyecto del reino que los mismos lazos de consanguinidad.  Recordemos que desde los relatos de la infancia de Jesús, Lucas presenta a María como el modelo de oyente de la Palabra que escucha y medita en su corazón.

 

Lucas 8, 19-21

Se le presentaron su madre y sus hermanos, pero no lograban acercarse por el gentío.  Le avisaron:

– Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.

El les replicó:

– Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen.

 

En el texto de Marcos observamos que Jesús aprovecha la visita de su familia para enseñar algo fundamental:  no podemos ser mezquinos con los asuntos del reino atándonos a nuestra familia biológica.  La verdadera familia de Jesús, la familia del reino, traspasa las fronteras biológicas y étnicas, y la constituyen todos los hombres y mujeres que hacen la voluntad de Dios.

 

Marcos 3, 31-35

Llegaron su madre y sus hermanos, se detuvieron fuera y lo mandaron llamar.  La gente estaba sentada en torno a él y le dijeron:

– Mira, tu madre y tus hermanos (y hermanas) están fuera y te buscan.

El les respondió:

– ¿Quién es mi madre y (mis) hermanos?

Y mirando a los que estaban sentados en círculo alrededor de él, dijo:

– Miren, éstos son mi madre y mis hermanos.  (Porque) el que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.

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