La Proclamación del Reino de Dios

Tercer Misterio Luminoso – La Proclamación del Reino de Dios

point_3
Meditación

¿Qué pasaría si fueramos testigos de un accidente donde un ser muy querido esté involucrado? Correríamos hacia nuestro amigo y le pediriamos “¡Háblame!”.  Solo el escuchar su voz nos daría la tranquilidad que queremos.  La predicación de Jesús nos da ese consuelo y esperanza.  Desde su aparición silenciosa en la Epifanía, nos morimos por escuchar a Jesús hablar.  Necesitamos escuchar las Palabras de Jesús para ayudarnos a entender las maravillas que hemos experimentado.  La fé es una forma de conocimiento; la santidad empieza en la mente.  Las palabras de Jesús nos muestran cómo ver la verdad de la realidad que vivimos, y ajustarnos a lo que es santo y bueno, en todo momento.  La conversión comienza con conversación.  Cada palabra pronunciada por el Hijo de Dios tiene el aliento de la misericordia del Padre, que nos garantiza una compasión concreta, perdón, y la habilidad real de cambiar.  A través de su prédica, Jesús comunica su propia vida, prometiéndonos que nosotros mismos también compartimos su propia vida.  Es la Palabra de Jesús la que nos genera, la que nos crea espiritualmente.  Y nos convence que es Jesús la respuesta a nuestros deseos más profundos.  Es por esta razón que Jesús Predicando es el misterio central de la Luz.

La Proclamación del Reino

Oración

Jesús unido con María, tú le revelaste a los discípulos el misterio de la Divinidad y prometiste la gracia de la conversión a todo el que escucha y guarda la palabra de Dios.  Enséñanos a reconocer como legítimos portadores de tu autoridad al Papa, los obispos y nuestros pastores, a través de quienes tú haces un llamado a cada ser humano para permanecer en una comunión de familia divina.

MISTERIOS LUMINOSOS
continuar Ir a La Transfiguración

Lectura
Marcos 2, 1-13
Entró de nuevo en Cafarnaún; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la palabra. Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: “Hijo, tus pecados te son perdonados”.
Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: “¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios solo?” Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: “¿Por qué están pensando así en sus corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico- : ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’.” Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: “Jamás vimos cosa parecida”.

3 thoughts on “La Proclamación del Reino de Dios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *