La Trasfiguración

Cuarto Misterio Luminoso – La Trasfiguración

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Meditación

Gracias a la irresistibilidad del arbusto en llamas, es que Moisés encontró su vocación de liberador de los Hebreos.  Jesús nos ofrece algo similar en su pináculo de radiación.  El Tabor de Cristo es una especie de espejo en el cual se nos muestra la gloria que Dios aspira darnos.  El resplandor de la Trasfiguración revela que la vida destinada a ser nuestra es completa.  Para alcanzar nuestro verdadero estado, debemos primero rechazar los estándares pequeños que usamos para medir nuestra vida.  La Trasfiguración nos invita a una configuración.  Al mirar la gloria que brota de cada poro de Jesús Transfigurado, nos deshacemos de nuestro egoismo, enojos y lujuria y tomamos nuestro lugar en el brillo del Hijo de Dios.  Porque mientras contemplamos, paralizados por el resplandor, traspasados por esta luz, Jesús nos observa a nosotros.  La luminosidad de Nuestro Señor es una mirada de amor a nuestros corazones, nos da valentía para renunciar a nuestra vida superficial y cambiarla por una vida transparente idéntica a la suya.  Este es el significado de ser Luces del Mundo – un farol.  Los cristianos debiéramos acostumbrarnos a dejarnos impregnar de luz y amor, que ve hasta lo más secreto de nuestro ser.  En silencio desde su Tabor, el Salvador nos ruega: “¡Conviértanse en lo que son!”.

La Transfiguración

Oración

Jesús separado de María, tú, con una luz cegadora, manifiestas en tu perfecta humanidad el poder de la divina gracia que transforma cada parte de nuestra frágil naturaleza humana.  Enséñanos a abrazar el misterio de tu presencia de luz, para que nosotros que permanecemos en tu luz no sucumbamos jamás a la oscuridad del pecado.


MISTERIOS LUMINOSOS
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Lectura
Lucas 9, 28-36
Unos ocho días después de estas palabras, tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar. Y mientras oraba, el aspecto de su rostro se cambió y sus vestidos eran de una blancura fulgurante. Y he aquí que conversaban con él dos hombres, que eran Moisés y Elías; los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Cuando ellos se separaron de él, dijo Pedro a Jesús: “Maestro, bueno es estarnos aquí. Podríamos hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”, sin saber lo que decía. Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y, al entrar en la nube, se llenaron de temor. Y vino una voz desde la nube, que decía: “Este es mi Hijo, mi Elegido; escúchenlo”. Cuando cesó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.

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