Las Bodas de Caná

Segundo Misterio Luminoso – Las Bodas de Caná

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Meditación

¿Qué hacemos nosotros cuando se nos acaban las cosas que nos permiten disfrutar?  Este es el dilema que embarga a todos en las Bodas de Caná cuando ya se empieza a sentir el deseo de más vino.  En la Biblia, el vino simboliza el disfrutar de la vida: “Tú le has dado a mi corazón más alegría / que cuando la siembra y el vino abundaban”; “Tú traes … vino para alegrar nuestros corazones”.  De manera inversa, la sed representa nuestra desesperación. Nuestra alma reseca desea los mayores tesoros: paz, sentido, propósito, sentirse completo, felicidad.  Aún así, mientras más bebemos en las cosas del mundo, más tiempo permanecemos con sed, agotados y vencidos.  Solo en Jesús podemos beber lo que satisface nuestros deseos infinitos.  María, la Fuente de Esperanza, nos lleva hacia su Hijo, “Fuente de Toda Santidad”.  El mozo siente algo insípido en su primer sorbo, lo que siente es el sabor del Salvador – ha probado y ha visto qué tan bondadoso es nuestro Señor.  Y, gracias a esta inundación de sabroso vino en Caná, la carencia de sentido de vivir ya no es cierta, por la promesa que representa.  Este milagro nos lleva a desear hacer cualquier cosa que Jesús nos diga.  Por cuanto “un nuevo amigo es como un vino nuevo / el cual se bebe con placer”.

Las Bodas de Caná

Oración

Jesús escuchas a María, tú realizas los deseos de tu madre en la fiesta, y transformas el matrimonio en un pacto de amor divino, transformando a las familias en imágenes vivas del Amor que tú siendo Dios compartes con el Padre y con el Espíritu Santo.  Enséñanos a vivir el misterio de nuestra propia transformación y ayúdanos a ser hijos obedientes de nuestro Padre Creador del Cielo y la tierra.


MISTERIOS LUMINOSOS
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Lectura
Juan 2, 1-12
Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y no tenían vino, porque se había acabado el vino de la boda. Le dice a Jesús su madre: “No tienen vino”. Jesús le responde: “¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora”. Dice su madre a los sirvientes: “Hagan lo que él les diga”.
Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús: “Llenen las tinajas de agua”. Y las llenaron hasta arriba. “Sáquenlo ahora, les dice, y llévenlo al mayordomo”. Ellos lo llevaron. Cuando el mayordomo probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el mayordomo al novio y le dice: “Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora”.
Tal comienzo de los signos hizo Jesús, en Caná de Galilea, y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos.
Después bajó a Cafarnaún con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.

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